LA VERDAD IRREFUTABLE

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La mayor piedra de tropiezo de la humanidad desmoronando:

la ascensión física de Cristo al cielo.

“¿PADRE, me abandonaste?” (Mateo c.27 v.46)

“En tus manos entrego mi espíritu.” (Lucas c.23 v.46)

“…Este Jesús, que ha sido tomado desde vosotros arriba en el cielo, así regresará del modo como lo vistes ir al cielo (en espíritu).” (Hechos c. 1 v.11)

A pesar de todo solamente los seres que razonan, portadores de indispensables, saludables neuronas, asimilarán esta transcendental resolución.

“Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.” (Juan c.8 v.32)

Así habló INRI CRISTO:

“Mis hijos, es posible que durante el periodo escolar ya tengan estudiado algunos de los preceptos básicos de la Ciencia, de entre los cuales la existencia de atmosfera y sus camadas, la resistencia del aire, la ley de la gravitación universal, el cambio del estado de los cuerpos mediante la variación de temperatura, la relación entre la descomposición de los organismos y la regeneración de la naturaleza, entre otros.

La atmosfera es el escudo de aire que envuelve la Tierra y la protege de cuerpos que entran en ruta de colisión con el planeta. La atmósfera llega a diez mil kilómetros de altitud arriba de nuestras cabezas y es dividida en varias camadas. De entre estas camadas, existen aquellas que presentan condiciones totalmente inhóspitas para la sobrevivencia del cuerpo humano. La llamada gravedad es la fuerza que atrae todos los cuerpos hacia el planeta, en sentido al centro de la Tierra. Además, la temperatura en el espacio sideral, que confina 273º negativos, es decir, cero absoluto – llevaría al fenecimiento inevitable por congelamiento, considerando todavía la existencia de oxígeno y del alimento para nutrir un organismo.

Por lo tanto, hace dos mil años, para que mi cuerpo físico ascendiera al PADRE como enseñan los embusteros de la fe, él tendría que fluctuar contra la gravedad, sobrepujar todas las camadas de la atmosfera sin desintegrarse hasta llegar al espacio sideral – lo que significaría ascender al infinito desproveído de cualquier propulsión – contrariando no solamente una, pero varias fuerzas y condiciones naturales establecidas por el ETERNO SEÑOR de la Vida y del Destino para la manutención de la vida en la Tierra.

El SEÑOR es perfecto y Sus leyes son perfectas y eternas. Para Él, todo es posible, excepto contrariar las leyes naturales que Él ha creado. Por eso, yo jamás podría haber subido al cielo de carne y hueso. La realidad, la verdad irrefutable, es que mi cuerpo de carne y hueso sucumbió a los flagelos ocurridos antes y durante la crucifixión. Mi cuerpo volvió a la Madre Tierra, según la eterna ley de mi PADRE, SEÑOR y DIOS: “Tu eres polvo, del polvo fuiste tomado y al polvo retornarás” (Génesis c.3 v.19). Subí al PADRE únicamente en espíritu, y en espíritu reaparecí después de la crucifixión y consecuente desencarne a los que clamaban por mi presencia.

Tengo consciencia de que soy parte del espíritu de mi PADRE y, como enseño hasta hoy, todos son; solamente soy el más antiguo, nadie es obligado a creerlo. Yo no digo y nunca dije que era DIOS. Como prueba a esto, en la hora de la crucifixión, invoqué al SEÑOR, diciendo: “Padre, ¿me desamparaste?” (Mateo c.27 v.46) y enseguida: “En tus manos entrego mi espíritu” (Lucas c.23 v.46). ¿Si yo fuera DIOS, a quien evocaba? Así, una vez más está comprobado que subí al cielo en espíritu.

Una vez que mi cuerpo desapareció de la sepultura, según relatan las Escrituras, siendo encontradas solamente las sábanas que lo envolvían, pueden ahora preguntar: “Si Cristo subió al cielo en espíritu, ¿qué sucedió con su cuerpo?” En verdad les digo: José de Arimatea, que al principio había pedido mi cuerpo a Pilatos a fin de depositarlo en un sepulcro nuevo que mandó cavar en la piedra (Mateo c.27 v.57-60), a posteriori retornó al local acompañado de algunos auxiliares, y lo trasladaron a una sepultura anónima, según consta en Mateo c.28 v. 11-15. Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo. Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.”

Si me cuestionen: “Que llevó a José de Arimatea a hacer esto?” Les clarifico entonces: Inspirados por el ALTÍSIMO, José providenció una sepultura anónima para que cesara la sesión de atrocidades que perduraba aún después de la crucifixión. Él vislumbró que los soldados y populares iban a destrozar mi cuerpo y exponer los miembros en varios lugares, a fin de persuadir a sus contemporáneos a jamás ir de encuentro al imperio romano, a los sacerdotes y al Sinedrio. Por otro lado, si mi cuerpo fuera descubierto por los soldados en la sepultura anónima en aquella época, la base dogmática “cristiana” de que yo ascendí al cielo físicamente jamás habría existido. Si yo fuera encontrado en los días actuales, lo que se conoce hoy como el “cristianismo”, que ya se encuentra desmoronando, tendría sus preceptos arruinados y sus seguidores se dispersarían.

A fin de que puedan comprender la siniestra intensidad del odio que había contra mí, les explico que hace dos mil años los populares alienados no vislumbraron, no asimilaron que mi PADRE se manifestaba en mí, por eso fueron fácilmente influenciados por los sacerdotes, que los indujeron a vociferar: “Crucifique, ¡crucifique!”. Los sacerdotes, estos si presintieron en mi la presencia del ALTÍSIMO por las obras y palabras, por eso decidieron eliminarme. Empezaron a percibir vaciarse el poder que hasta entonces ejercían sobre el pueblo, desde que yo dije públicamente para orar en la habitación con la puerta cerrada (Mateo c.6 v.6). Ellos sentían, vislumbraban eso cada vez más, porque eran todos hombres habituados al poder que ejercían sobre los judíos, y ya habían agotado los recursos pragmáticos para conseguir el conchabo con Pilatos, intendente de Roma. De esta manera, consideraron más práctico, más racional, em su óptica satánica, librarse de mí. Usaron toda la experiencia de lobos, ya embriagados por el poder que ejercían hasta entonces, para a priori providenciar mi captura y a posteriori llevarme a juzgamiento, culminando con la crucifixión.

En la ceguera en que se encontraban, en el odio que manifestaban hacia mí, no veían estar justamente haciendo algo que solamente podría ser hecho si DIOS lo permitiera, y en aquel momento crucial golpearon al pueblo al vociferar: “Crucifique, ¡crucifique!”, pues sabían quién soy, vieron que soy el Verbo de DIOS. Justamente por eso temían el poder de las enseñanzas emanadas de mi PADRE, temor que pueden comprender a través de estos versículos: “Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero. Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia” (Mateo c.27 v.62-66).

Los sacerdotes y fariseos ignoraban que mi resucitación sería en espíritu. Además, desconocían que la vigilia sería en vano, pues reiterando lo que consta en Mateo c. 28 v.11-15, durante la noche los soldados adormecieron, y mi cuerpo fue trasladado a una sepultura anónima. El odio contra mí era intenso e incesante, pues yo había contrariado a los intereses excusos del Sinedrio al enseñar al pueblo que no era necesario ir al templo para vivir en simbiosis con el PADRE, bastando orar en la habitación con la puerta cerrada (Mateo c.6 v.6). Una de las ocasiones en que yo afronté al Sinedrio y a los sacerdotes sucedió cuando, movido por la santa cólera de mi PADRE, investido de la autoridad de León de Judea, azoté a los vendedores del templo en Jerusalén, diciendo: “y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. (Mateo c.21 v.13) /! ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? … ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros?” (Mateo c.23 v.13-36 y c.17 v.17). Este episodio fue decisivo para que Roma, presionada, ordenara el aniquilamiento de mi cuerpo físico, y orquestara una serie de eventos en el intento de intimidar a cualquiera que osara contrariar al imperio y al sistema religioso de la época.

Mi PADRE me revelara que, si mi cuerpo físico fuera encontrado por los soldados romanos y populares, sucedería algo semejante a lo que sucedió al cuerpo del sucesor de los sucesores de Tiberio Cesar (emperador romano que ordenó mi crucifixión), Benito Mussolini. Como las coincidencias no existen, en el 1945, en la víspera de mi actual reencarnación, ocurrida en el 1948, Mussolini – que hasta entonces ejercía el poder político absoluto en Roma, como otrora Tiberio Cesar – ha sido muerto por guerrilleros de la resistencia italiana, y su cuerpo expuesto en plaza pública de cabeza abajo, teniendo pasado por varias clases de escarnios y profanación.

Es posible que, aún delante de mis palabras, estén ustedes todavía a especular: “Milagros suceden! DIOS podría si elevar mi cuerpo de Cristo hacia el espacio.” En verdad, los milagros suceden, y mi PADRE ya los realizara a través de mí, sea hace dos mil años, sea en la actual reencarnación. Sin embargo, mi PADRE jamás devolvería un miembro a un ser humano que lo tuviera perdido en un accidente, pues hay situaciones cósmicamente irreversibles, en que ni mismo el ALTÍSIMO interfiere, y existen condiciones naturales que ni siquiera Él ve sentido en contrariar, como hacer un cuerpo humano fluctuar o volar por si propio.

La primera vez en que yo reaparecí después de la crucifixión ha sido a María Magdalena, incorporado en el jardinero (Juan c.20 v.1-18): “El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó. Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos. Y volvieron los discípulos a los suyos.  Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Jesús le dijo: !!María! Volviéndose ella, le dijo: !!Raboni! (que quiere decir, Maestro).  Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; pero ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.”
Ahí está bien nítido que yo estaba incorporado en el hortelano (algo que es solamente posible de sucederse en espíritu), motivo por lo cual a principio María Magdalena no vio que era yo y, solamente más tarde, al abordarla, ella me reconoció.

Una evidencia más de lo que estoy les hablando es que hace dos mil años, yo anduve sobre las aguas en espíritu; jamás lo hice con mi cuerpo físico. De otra manera, reaparecí en espíritu a los discípulos en Emaús:” Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día (el día en que las mujeres y Pedro fueron al sepulcro) a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Pero los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes? Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días? Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron. Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive. Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron, así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron. Entonces él les dijo: !!¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?  Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían. Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. Y aconteció que, estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; pero él se desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?  Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón. Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan”. (Lucas c.24 v.13-35).

En este episodio en Emaús, de nuevo yo estaba incorporado, pero por esta vez en el forastero (véase: Resurrección a la Luz de los Evangelios, p. 182, y Resurrección, p.178, DESPERTADOR EXPLOSIVO, vol.2)

¡Despiértense, mis hijos! ¡Libérense de las fantasías que les impusieron desde la niñez! Estoy seguro de que ya no creen en la conocida historia de la cigüeña contada por sus progenitores, tampoco en el “conejo de pascua” y el “Santa Claus/papá Noel”. Reflejen, por lo tanto, ¡porque todavía creen algunos que subí hacia el cielo de carne y hueso!

Todas las veces en que yo reencarné, recogí a mi cuerpo en el vientre de una mujer, y todas las veces en que yo desencarné, mi cuerpo volvió a la Madre Tierra. Soy el Primogénito de DIOS, que reencarné Noé, Abraham, Moisés, David, etc., después Jesús y ahora INRI. Mi espíritu es eterno, indestructible; este sí resurgió y fue reconocido hace dos mil años por los que tuvieron ojos para ver y oídos para oír, y solamente en espíritu regresé al PADRE. En fin, solamente en espíritu siempre regresaré al ETERNO SEÑOR de la Vida, y en el futuro serán, en espíritu, con el SEÑOR y conmigo una sola cosa.

La coherencia, la lógica y la verdad son indisociables. Los sensatos meditan y asimilan…

Tengan todos ustedes mi paz

Brasilia, 03 de noviembre del 2020.

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