INRI CRISTO X Dictadura Militar – 1971

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En el año 1971, en el municipio de Campo Grande (MS), antes del SEÑOR DIOS le revelar su verdadera identidad, aún en la condición de consultor metafísico, INRI CRISTO asumió un compromiso con la radio Educación Rural, en la época, la más conocida de Mato Grosso do Sul. A continuación, se alojó en el Hotel Unión, al lado de la estación de autobuses. En frente al sitio había una parada de taxis, que fue la causa de los acontecimientos.

Radio Educación Rural en Campo Grande-MS (Brasil).

Llegada la hora de asumir el espacio en la radio, el gestor Ailton Guerra informó a  INRI CRISTO, sin la mínima ceremonia, que recibiera órdenes del obispo Antonio Barbosa, para no dejarlo salir al aire. Indagado sobre el motivo de la prohibición, el hombre le contestó que, como pertenecía al obispo y a la diócesis, la radio no permitía un tipo de programa que hablase sobre temas espirituales. Según el punto de vista del obispo, sólo los sacerdotes de la iglesia romana podían hablar sobre este tema.

Ante el impase, INRI CRISTO entonces le dijo que deseaba dialogar con el obispo, a lo que se indicó la diócesis. Siendo recibido por el obispo, se ha observado el nerviosismo de aquel que se decía siervo de Dios, puesto que durante todo el tiempo del coloquio, en una actitud inusual tocaba nerviosamente un rosario en sus manos. INRI le dijo: “Yo estoy en la ciudad hace tres días, el contrato con la radio debería haber comenzado hoy a las nueve de la mañana, y ahora esto no puede quedar así.”

El obispo argumentaba hipócritamente que la culpa era de los vicarios, pues si dependiese de la voluntad de él, INRI CRISTO podría hablar libremente; sin embargo, se le permitiese, las parroquias si agitarían y los vicarios se quedarían indignados con él. INRI CRISTO, perseverante, de buena fe le contestó: “Entonces tú reúnes todos ellos acá que yo les hablaré. Si dijeren no después de escucharen mis razones yo me resigno.” Ante la imposibilidad del obispo comunicarse en ese momento con los todos los vicarios, fruto de notoria mala voluntad, INRI CRISTO le pidió las direcciones y salió a la búsqueda.

En el curso del ir y venir, INRI CRISTO entraba y salía del hotel acompañado de sus asesores Mutsumi Ogura y Osmar de Andrade,  que le acompañaban siempre en las visitas a los medios de comunicación, pues en cada ciudad donde llegaban carecían ponerse en contacto con los medios de comunicación.

Acompañado de sus auxiliares, INRI CRISTO se dirigió entonces a la Policía Federal, porque, según argumentó el obispo, era necesario poseer una autorización del Departamento Federal de Censura, que supervisaba los programas de radio y televisión, a fin de estar prevenido en la próxima visita a otra emisora. INRI fue amablemente recibido por el delegado Dr. Milton Brandão. Después de una larga conversación, recibió la noticia de que necesitaría de un visado de superintendente, general Amadeu Pupi. Durante la conversación, la asesora Mutsumi Ogura mostró al delegado el dossier que acompañaba INRI CRISTO, compuesto por las referencias de otros medios de comunicación y recomendación de las autoridades.

Por último, después de consultar la alta jerarquía superior, él regresó y dijo: “En el que depender de la Policía Federal, usted puede estar a gusto en Campo Grande”. Posteriormente, INRI CRISTO visitó también el Dr. Alfredo Scaf, delegado regional, mayor autoridad de la Policía Civil, teniendo en cuenta que en aquel momento Campo Grande todavía no era capital. Alfredo era un hombre inteligente, culto, educado, que tenía especialización en el exterior, él recibió INRI cordialmente en su gabinete. En fin, ante las autoridades, hasta entonces INRI CRISTO fue bienvenido.

Al anochecer, a pesar del cansancio, INRI CRISTO fue a la cita combinada con los vicarios, de los cuales sólo tres asistieron a decirle un rotundo “no”. Puesto que el obispo, vilipendiando el contrato le ha impedido hablar en la radio, INRI rompió el contrato y volvió para finalmente descansar, pues estaba muy fatigado después de aquel exhaustivo día. Pasada toda esa turbulencia, finalmente se reunió a las nueve horas de la noche para cenar con los auxiliares.

INRI durmió profundamente. Al amanecer, presentía que algo siniestro estaba en la inminencia de ocurrir. Mientras tomaba un baño, escuchó un ruido de alguien golpeando la puerta y escuchó la asesora Mutsumi Ogura atenderla. Del cuarto de baño escuchó una voz conocida, pero preocupada, le llamando. Percibió, entonces, que había algo errado. Se cubrió rápidamente con un kimono y, cuando abrió la puerta del baño, acercándose del pasillo, el marco que  presenció era único: el delegado Milton Brandão estaba delante de él bajando un fusil, detrás de él muchos militares, oficiales, sargentos, cabos, soldados… también equipados con fusiles y hasta metralletas.

El delegado Milton le dijo: “Usted nació de nuevo”. INRI CRISTO le preguntó: ” ¿qué es eso?, ¿qué está pasando?” Le contestó el policial: “Mire en la ventana”. INRI CRISTO miró y vio muchos militares, todos en puesto de tiro. El edificio y la manzana entera habían sido evacuados, los soldados tuvieron una noche entera de preparación para eliminar el temido capitán Lamarca, que era en la época la persona más buscada en todo territorio nacional. Y continuó: “Nosotros teníamos orden de disparar para después identificar el cadáver. Si no tuviera reconocido su auxiliar, tendrías sido fusilado. Y ahora, incluso sabiendo que no es el Lamarca, me quedaré acá garantizando que los soldados se tranquilicen, pues se han preparado la noche toda para atacar.” (Para aquellos que desconocen, el capitán Lamarca fue un ex –oficial marxista desertor que, por motivos ideológicos, se rebeló contra las fuerzas armadas brasileñas. Fue posteriormente asesinado junto con su compañera psicóloga Iara Lavelberg en las catingas de la Bahia).

Los militares no miraron INRI como inocente. Llevaron sus documentos y la situación era tan grave que, incluso después de evaluarlos, le dijeron que necesitaba dar una explicación al general Plínio Pitaluga, comandante del cuartel general que había mandado la operación, porque, según su óptica, un general nunca se engaña, nunca comete errores.

Después de todo aclarado, el delegado Milton Brandão nos dijo que la dueña del hotel decía histéricamente: “¡Él es muy peligroso, va incendiar mi hotel! ¡Va explotar una bomba!” Todo ha ocurrido porque uno de los taxistas que hacían punto frente al hotel, ha leído en un periódico que Carlos Lamarca ha dejado la barba crecer y se había acompañado por una psicóloga Judía. En la paranoia de capturar Lamarca, creyó que la japonesa Mutsumi Ogura sería su compañera por ser de origen extranjero. Al ver entrar y salir del hotel para auxiliar a INRI CRISTO (de nacionalidad japonesa y no judía), hizo una denuncia, acogida por el general Plínio Pitaluga, que, en la ilusión de ser promovido, convertirse en un héroe, siquiera se dio al trabajo de asegurarse y verificar si la persona denunciada era realmente el capitán Carlos Lamarca.

Eran once horas de aquella mañana y todavía había tres vehículos de turno en frente al hotel. INRI CRISTO se dirigió al capitán y le pidió que le condujera hasta el cuartel, puesto que aún no conocía Campo Grande. En el cuartel, un clima tenso. El coronel general que le condujera al general miró en dirección de INRI CRISTO y dijo: “Que absurdo el error que se cometió. El señor nada tiene que ver con Lamarca, tiene hombros anchos y es alto, mientras que Lamarca es delgado y tiene solamente un metro y setenta”. (Al no haber ayunado todavia, INRI CRISTO, 1,83 m de estatura, hoy con 70kg, en aquel tiempo pesaba alrededor de 85 kg).

El Coronel informó que el general no podía recibirlo, sin embargo INRI CRISTO le dejó un mensaje: “Con el fin de evitar nuevas equivocaciones, he venido visitarlo personalmente, debido la imposibilidad de haber me visto en la televisión. Mientras vuestro uniforme es de color verde y la bandera del color actual, estaré acá en Brasil. Sin embargo, si  vuestro uniforme cambiar para rojo *, tendré que salir del país”.

INRI CRISTO fue transferido para el Hotel Americano, donde fue muy bien recibido por los propietarios Edgar y Marisa. Más tarde estrenó en la Tele Morena, canal 6, dónde tuvo una óptima receptividad y notoria audiencia. Esta fue una de las innúmeras pruebas que el ALTÍSIMO sometiera INRI CRISTO a fin de le conceder poder y autoridad, mostrándole que, mismo ante a la inminencia de temibles tragedias, jamás permitirá que se concreticen las amenazas contra  la integridad física del Hijo del Hombre.

* Refiriéndose al Ejército Rojo, como se le conocía al régimen militar de la extinta Unión Soviética.

 

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