Parábola de la Mentira

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Así habló INRI CRISTO:

“El mentiroso se asemeja al labrador insensato que prepara diligentemente la tierra, abona, siembra y, cuando las semillas comienzan a brotar, riega los brotes con agua caliente. Y yo os pregunto, mis hijos: ¿cuáles son los frutos que el insensato labrador merece recoger de esta labranza? Así comportase el mentiroso. En un primero encuentro, conquistan la amistad y la confianza de las personas. Mientras, posteriormente, demuestran la insensatez del labrador y riegan esas amistades con mentiras, una mentira después de la otra, una para encubrir la otra, se transformando en una interminable pelota de nieve, hasta atingir un alto grado de falsedad. El mentiroso se pierde en sus propias palabras, y, en fin, desenmascarado, es despreciado por los que se concientizan de las falsedades pronunciadas por su boca.

 Los antiguos, cuando enumeraban los delitos de un delincuente, decían: ‘¡Robó, mató y hasta mintió!’

Colocaban la mentira como el más grave de todos los pecados, porque, en verdad, ella efectivamente es encubridora y hasta causante, culpada de todos los pecados. El individuo más ridículo es aquel que aparenta ser lo que no es; esta es una forma sutil de mentira comportamental muy común en los orgullosos. La mentira enflaquece el ser humano, la palabra del mentiroso es falsa y su discurso tedioso y débil.

Yo que os hablo soy el Primogénito de DIOS, Adán, que reencarné como Noé, Abrahán, Moisés, David, etc., después como Jesús y ahora como INRI. Ubico en mi interior el recuerdo de la experiencia de miles de años. Soy testigo ocular del trágico destino de los mentirosos, además de la experiencia personal. Desde el principio del mundo, el demonio, incorporado en la serpiente, mintió, para Eva diciendo que, si ella me indujese a la fornicación, nosotros seriamos felices… Fue una mentira que culminó en una inmensa trayectoria de sufrimientos y dolores, a comenzar por la expulsión del Edén, que solo se acabó en el calvario cuando he lavado, con mi sangre en la cruz, los pecados de la humanidad, pues, ingenuamente, había prevaricado creyendo en Eva, que reportó las mentiras de la serpiente. ‘Pero la serpiente era el más astuto de todos los animales de la tierra que el SEÑOR DIOS había creado. Y ella dijo a la mujer: ¿Por qué os mandó DIOS que no comieseis de todo el árbol del paraíso? Le contestó la mujer: Nosotros comemos del fruto de las arboles que están en el paraíso. Pero el fruto del árbol que está en el medio del paraíso, DIOS nos mandó que no comiésemos, y ni la tocásemos, no suceda que muramos. Pero la serpiente dijo a la mujer: Vosotros, de ningún modo moriréis. Pero DIOS sabe que en el día que comeros o fruto se abrirán vuestros ojos, y seréis como dioses, conociendo el bien y el mal’ (Génesis c.3 v.1 a 5). Quien tiene oídos para oír oiga la verdad.

De la mentira al fraude, al robo, a la delincuencia, no existe distancia; mismo la mentira ‘blanca’ es muy peligrosa, porque puede iniciar el individuo en este mundo de fantasía. Los traidores de la causa divina mintieron y engañaron mi pueblo, le induciendo a creer que el Hijo de DIOS es un muñeco gélido y estático que está para siempre clavado en la cruz. Ahora que volví por la natural ley de la reencarnación, son obligados a inventar innúmeras otras mentiras, entre las cuales a de que DIOS, mi PADRE, único SEÑOR del Universo, único ser increado, único ETERNO, único ser digno de adoración y veneración, omnisciente, omnipotente, omnipresente, tiene madre. ¿Y quién sería el padre de la madre de DIOS? En las Sagradas Escrituras, está explícito en el noveno mandamiento: ‘No dirás falso testigo contra a tu prójimo’, dejando bien claro que la mentira, sobre todo cuando emitida en maleficio de otro, desagrada al ALTÍSIMO.

Recordad siempre, mis hijos: mi PADRE, que es vuestro PADRE, mi DIOS, que es vuestro DIOS, os concedió dos ojos para ver bien, dos oídos para que podáis oír atentamente, dos orificios nasales a fin de que, ejercitando el olfato, podáis discernir entre el olor nauseabundo y la agradable flagrancia emanada de las flores, y una única boca, les avisando que debéis ser prudentes al hablar. Antes de ser crucificado yo he dicho: ‘Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; Todo lo que de esto pasa procede del maligno – (Mateo c.5 v.37).

El mayor castigo reservado al mentiroso es que, después de mucho haber mentido, cuando habla la verdad, hasta para salvar su propia vida, ninguno le da crédito.”

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