Parábola del Perdón

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Así habló INRI CRISTO:

“Cuando me llamaba Jesús, he dicho a Pedro que debería perdonar hasta setenta veces siete (Mateo c.18 v.21-22), pero no he dicho para él recibir en la intimidad los enemigos, los conspiradores, los traidores, los malhechores… a quien perdonase. Perdonar, sí. Sin embargo, vestir indumentaria de incauto, ¡no!

Imagina, mi hijo, que tu tienes una empleada que trabaja en tu casa hace muchos años y, con el tiempo, adquirió tanta confianza que pasó a hacer parte de la familia. Un día, sin embargo, ella conoce un hombre que ignora la ventaja de ser honesto y apasionase por este vagabundo, que, entonces, le orienta para que robe tu casa.

La empleada, impulsada a la traición, se torna ladrona, espera el momento oportuno y roba todo el dinero, joyas, en fin, todas las economías existentes en la casa. Cuando usted llega, no la encuentra y, percibiendo el robo, la denuncia a la policía, que, a su vez, después innúmeras diligencias infructíferas, desiste, sin desvelar el paradero de la empleada ladrona.

El delincuente, después de conseguir el intento, en posesión del fruto del robo, se libra de ella. Tarde demás, ella constata que sirvió tan solamente de escalón para él pisar y alcanzar sus delictuosos propósitos. Entonces ella vuelve llorando, arrepentida, se inclina a tus pies, suplica perdón y que le aceptes de vuelta, jurando nunca más caer en el mismo error.

Ahora yo te pregunto, mi hijo: mismo recordando el acto delictuoso que ella ha practicado y el amargo sabor de la traición que has experimentado en la ocasión de la fuga, para te situar en armonía con la ley divina, tu perdonas. ¿Pero aceptaría de vuelta la empleada ladrona que, trayendo tu confianza, te ha robado?

Solo se usted fuese hipócrita o cretino es que respondería que sí, pues, si ella volviese a convivir con usted, se quedaría al acecho intentando una nueva traición. Acuérdate, mi hijo: perdonar no implica restauración de la confianza, o sea, convivencia mutua, tampoco restablecimiento de relaciones espontáneas.

Cada caso es un caso. Cuando alguien se arrepiente de su pecado, su acto delictuoso, para que haya reaproximación posterior al pecado, es míster que se examine bien si el pecado, el delito, fue cometido por mero descuido o si fue premeditado por malévolas intenciones. Si el penitente lo cometió por equivoco, puede arrepentirse y evitar la reincidencia. Sin embargo, si fue premeditado, no merece voto de confianza, porque, en caso de reaproximación, permanecería al acecho esperando la hora de dar el prójimo golpe, cuyos danos serian aún mayores, puesto que la víctima, además del prejuicio sufrido, se quedaría a lamentar, arrepentida de la reanudación, exclamando: ‘¡Ingratitud! ¡Ingratitud! Perdoné, he recibido de nuevo en mi casa; sin embargo, fue traído nuevamente.’ Así perdería la confianza en todos y cometería injusticia con personas honestas, bien intencionadas.

Mi PADRE, SEÑOR y DIOS dijo que debo perdonar incontinente todos que conspiran contra el Reino de DIOS para que la madre naturaleza ejecute la divina venganza, pero no debo recibir en la intimidad de la casa de ÉL los conspiradores, los traidores, los malhechores … en fin, los delincuentes obstinados.

Así los seres humanos también deben, reitero una vez más, perdonar los ofensores para que se cumpla la justicia divina. Sin embargo, el perdón jamás implica reanudación de relaciones con los mismos.”

Quien divulgar este mensaje será bendecido con las bendiciones del cielo.

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